LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, SANTA MARÍA TEQUEPEXPAN “Cuatro siglos de problemas con
la tierra os contemplan”
• PBRO. ELIÉZER AMEZCUA
Toros, jaripeos, conciertos y bailes multitudinarios nos vienen a la memoria cuando escuchamos hablar de Santa María Tequepexpan,
que se ubica al Sur de Guadalajara. Pero este pueblo, es mucho más que eso.
Para empezar, aquí viven 11 mil habitantes, y este número sigue creciendo a paso acelerado por la constante migración de
tapatíos a este lugar. Posee un importante parque industrial y en otros tiempos, allá por la década de los años ochenta, era
punto de salida de la carrera de la Off-Road Club, A.C., Guadalajara-Tapalpa.
En el corazón de la población se encuentra el antiguo Templo de la Purísima Concepción, sede parroquial, cuya estructura
de cantera tiene cientos de años, y es cuidada por los descendientes de los coca y tecuejos.
Cuando Nuño de Guzmán llegó hasta estas tierras quedó impresionado al contemplar la exhuberante vegetación del Cerro del
Cuatro y sus ríos a los alrededores; los pobladores le parecieron tranquilos y le ofrecieron su amistad en voz de la tlatoani
Cihualpilli de Tonalá, allá por 1530. Para 1542, la comunidad de Tequepexpan había sido refundada por los pobladores de Apozol,
Jalpa, después de la rebelión de los caxcanes.
El templo parroquial es antiquísimo, de estilo barroco, pero que ha sufrido modificaciones posteriores, añadiéndole elementos
góticos y neoclásicos; en su interior se conserva una bella pintura barroca y una imagen de la Purísima Concepción hecha de
pasta de maíz, que se remonta a los tiempos de Fray Antonio de Segovia. La Parroquia de la Purísima Concepción fue instituida
en 1989 como tal, teniendo como primer señor Cura al Padre Salvador de Alba Muñoz; ahora está a su cargo el párroco Martín
Gómez Rodríguez, quien llegó a esta comunidad el 14 de agosto de 2004.
ASUNTOS INCONCLUSOS
Toda comunidad parroquial tiene «heridas», y Santa María Tequepexpan no es la excepción. Hay recuerdos amargos en el caminar
parroquial, como cuando el Municipio de Tlaquepaque otorgó permisos para la instalación de dos tiraderos de basura, a los
que se añadieron cinco clandestinos, afectando el manto acuífero a fines del siglo pasado; la administración actual ya los
ha clausurado. O cuando fueron desalojadas cerca de mil personas de la comunidad indígena de Santa María Tequepexpan, que
pretendían recuperar 200 hectáreas desde el 14 de agosto de 1997; la multitud fue expulsada de un predio del Cerro del Tesoro
por 400 elementos de la Policía Preventiva y antimotines, resultando desaparecidas nueve personas y heridas otras tantas.
Ya lo diría en su momento el ex presidente municipal de Tlaquepaque, Sr. Marcos Rosas Romero, en el 10˚ Cuadernillo
de Divulgación tlaquepaquense: «Una comunidad que ha sufrido desde tiempos inmemoriales el despojo de su tierra: Primero,
por hacendados faltos de un sentido social y humano, y después por otras personas que no comulgan con la comunidad doliente».
Desde el problema de la invasión de los indígenas de Santa Ana Tepeti-tlán al Cerro de Santa Cruz en 1746, hasta el problema
del predio del Cerro del Tesoro en 1997, Santa María Tequepexpan ha sido escenario de invasiones de sus predios y litigios
que parecen no tener una pronta solución.
CONSERVAR LA IDENTIDAD PARROQUIAL Y LOS VALORES DE LA FAMILIA
A pesar de las huellas del pasado, hoy, en la comunidad, según apuntó el Padre Martín, se conserva el ambiente rural y
los valores familiares: «Muchas personas todavía siembran, tienen su ganado; son comunidades que reconocen sus raíces indígenas
con orgullo, es un ambiente como de pueblo, aunque la mancha urbana ya nos alcanzó con los nuevos fraccionamientos».
La construcción de las nuevas unidades habitacionales ha traído maneras nuevas de relacionarse, pero no se ha perdido el
espíritu original: «Las familias conservan sus valores, el respeto a sus padres, el ambiente comunitario; aspectos que es
fácil ver en otras comunidades. Este es el reto: Conservar la identidad y seguir promoviendo los valores en la familia», agregó
el Sr. Cura.
La parroquia está conformada por las comunidades de El Real, Prados de Santa María, Santa María Tequepexpan y el Barrio
de Guadalupe, con un total de 11 mil personas, con asistencia a la Misa dominical de 35 por ciento. Las sectas protestantes
no tienen una presencia considerable, por el amor que los fieles le tienen a María Santísima. Es una comunidad grande, antigua,
pero hay muchos jóvenes, o como dice el Padre Martín: «La planificación familiar no afecta; tenemos como 560 niños en catequesis
y muchos jóvenes».
EL TRABAJO PASTORAL
El objetivo de la parroquia es mantener la comunión y la práctica de la caridad, fruto del Congreso Eucarístico Internacional,
para ello, se tiene proyectado hacer una capilla de velación, un estacionamiento, mejorar la cancha de futbol y la instalación
de juegos infantiles; descentralizar la pastoral e irse a los barrios con la ayuda del Movimiento «Encuentros con Cristo»,
que ha colaborado acertadamente con la parroquia desde 1991, con abundantes frutos de ejemplos de vida cristiana.
Asimismo se tiene planeado hacer de la parroquia una comunidad de comunidades conforme al II Sínodo Diocesano, y preparar
a un buen número de agentes para comunicar el kerigma a través de pequeñas comunidades.
La Parroquia de Santa María Tequepexpan cuenta con la ayuda de Las Misioneras del Sagrado Corazón de María y de los Pobres,
quienes son muy apreciadas por la comunidad por su generosidad y su testimonio de fe. Muy cerca de Santa María se encuentra
la Casa Central en La Calerilla, donde vive la fundadora de la Congregación, la Madre Verónica de Jesús Crucificado; en concreto,
la parroquia cuenta con la ayuda de tres religiosas: Lourdes de San Miguel Arcángel, Virginia de Santa Teresa y Jornet y María
Teresa de Toribio Romo, que colaboran en la notaría y en la pastoral.
Por lo que se puede ver, Santa María Tequepexpan no se reduce a fiestas de jaripeos, conciertos y bailes, sino que es también
un pueblo empapado por la fe en Jesucristo, que lucha constantemente por conservar su amor por María en su advocación de la
Purísima Concepción y reafirmar sus valores familiares, para comunicarlos como una comunidad de comunidades eucarísticas y
misioneras.
Muchas personas todavía siembran, tienen su ganado, son comunidades que reconocen sus raíces indígenas con orgullo, es
un ambiente hasta nuestros días como de pueblo.
TESTIMONIOS
«La mayoría de la gente está integrada en diferentes movimientos y la que no, de alguna manera coopera; por ejemplo, nosotros
tenemos a muchas señoras que cooperan con la tiendita y no pertenecen a la catequesis, pero es su manera de ofrecer un servicio
a la parroquia. Cuando hay algún evento, el pueblo se reúne por barrios y ésta es su manera de participar, tanto en la organización
como en la realización». DOLORES ROBLES GARCÍA Coordinadora de Catequesis
«Siento amor por los
niños, y lo que me ayuda es el trabajo que desempeño en un plantel de Preescolar. Me siento muy unida a los pequeños y a las
catequistas, y lo considero una oportunidad de servir, de colaborar con la comunidad». MARÍA DE LA LUZ HERNÁNDEZ Catequista
|